La danza de la muerte (Nuevos Tiempos)

La danza de la muerte (Nuevos Tiempos)

Language: Spanish

Pages: 312

ISBN: 8498412447

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


El comisario Proteo Laurenti arrastra un saco lleno de problemas: su amante le ha abandonado; su mujer se deja cortejar por un famoso pintor; la nueva inspectora, Pina, le ataca los nervios con su imparable ambición... Además, explota una bomba; en un pequeño consulado de la ciudad una mujer recibe una paliza casi mortal; y hasta la basura sirve para hacerse rico, si se tiene en cantidad suficiente... Basta con pasarla por la aduana de forma ilegal y venderla a países más pobres para su uso en la construcción de carreteras. Pero detrás de la «mafia de la basura» se esconden viejos conocidos que quieren deshacerse de él a cualquier precio. Y hay algo que Laurenti no imagina, es que los enemigos de días pasados quieren, ante todo, una cosa: la muerte del comisario.

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guardaespaldas, le pinchó el teléfono y justo le oyó pronunciar la orden de ejecución contra él. Petrovac jamás había imaginado las consecuencias de aquello. Cayó en la trampa de su perseguidor y fue detenido por acoso internacional. Gracias a sus excelentes contactos fue liberado enseguida y hasta dos años más tarde no pudieron volver a encerrarlo para sorpresa de todos. Esa vez ya no pudo ayudarle nadie. Para cuando saliera de la cárcel habría superado con creces la edad de jubilación. Y Viktor

unos cuantos periódicos en el Largo Riborgo. A Alba le llamó la atención que, junto a los diarios italianos, también se contaran entre ellos el Glas Istre de Pula, el Večernji List de Zagreb y un periódico alemán. Con el paquete bajo el brazo, la dama de cabello negro se dirigió al consulado, pasando junto al Teatro Romano y la questura. Alba se compró el Piccolo, buscó una mesa en la terraza del bar Rex que quedara fuera del alcance de las cámaras de vigilancia de la comisaría y pidió un

y vio que Laurenti descolgaba el teléfono y pulsaba la tecla de rellamada. Y le oyó saludar con voz temblorosa a la fiscal croata de Pula. Marietta puso los ojos en blanco y cerró la puerta. Estaba claro que aquel pobre hombre tenía problemas con su amante. Y ella sin enterarse, a pesar de que conocía cada uno de los pasos de su jefe... y los controlaba. Lo que acababa de oír le bastaba. De inmediato, se puso en camino hacia el reino de las telarañas para rescatar los dos expedientes. Laurenti

son idiotas menos él –dijo Milan mientras desmontaban el arma y devolvían las piezas al maletín, que primero tuvieron que vaciar de agua–. Imagínate lo que habría hecho con nosotros si no llega a estar aquí el chisme. –No digas tonterías. Yo sé muy bien lo que me hago – dijo Zvonko, seco. Con un sonoro clic, cerró el maletín y se puso de pie. –Manos arriba. No se muevan de donde están –la voz que oyeron detrás de ellos era clara y firme. Zvonko y Milan se miraron de reojo un instante y se

quitaron las gruesas sogas con que le habían atado antes las muñecas y los tobillos. Milan gimió cuando le arrancaron la cinta adhesiva de la boca. –Sacadlo de aquí –dijo el policía y se volvió hacia los amigos de Laurenti–. La próxima vez, la policía invita a una ronda. –Eso no se ha visto nunca –musitó uno de ellos. El durmiente despierta Olor a rosas y piel suave. Pechos carnosos bronceados por el sol que se acercaban lentamente hasta un punto insoportable y se retiraban al

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