El Parque (Spanish Edition)

El Parque (Spanish Edition)

Sylvia Iparraguirre

Language: Spanish

Pages: 224

ISBN: B006GFT5KO

Format: PDF / Kindle (mobi) / ePub


Entre las barracas y juegos del Parque de diversión se cruzan los alumnos de la Escuela del Miedo, el maestro Zorroarín, la bella Lisa, destinada a los hombres solitarios, Ezpeleta el inventor, el contador de historias Beauconseil y los inolvidables Carlino y Gioconda.

El Parque funda un territorio mítico, que se enciende al caer la noche y donde los personajes acometen delirantes empres as sin saber que los espera un insospechado destino común. El Laberinto del Terror, La Rueda de la Fortuna, el Dancing Park ocultan un misterio al que sólo accederán los iniciados cuyo guía es el inescrutable Zorroarín.

Cercano a los registros de la narrativa de Marechal y del humor absurdo de Gombrowicz, reivindica para nuestra literatura la parodia, lo poético y el kitch.

La crítica ha dicho...

«Sylvia Iparraguirre ha escrito una novela hermosa, compleja, imaginativa y de mucho humor. Obra, ésta, entretenidísima, y de varias lecturas. Es un libro extraño, porque pese a que obliga al análisis se lee con rapidez: ¡que alguien explique este milagro de amenidad!»
Alberto Laiseca, Ámbito Financiero

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es, al fin y al cabo, tres almacenes. Sus pómulos enrojecen de rabia cuando ve venir desde el fondo al fanfarrón, en camisa hawaiana, sandalias y mostrando una sonrisa torcida. Cuando está por tirar algo al suelo para provocarlo, se abre la puerta y entra Lisa. Marco no puede quitar los ojos del pelo castaño, de los brazos dorados, de los ojos verdes. “La mandan a comprar algo a propósito”, se dice Marco, “aunque no necesiten nada”. El primero en reaccionar es el hijo del dueño de la cadena de

pensó Zorroarín mientras cruzaba el arco imponente de la Puerta Oeste, momento en que siempre despuntaba en el fondo de su corazón la emoción familiar del que vuelve a su vieja y querida comarca. Tomó por la diagonal sur que, naciendo en el lejano centro del Parque donde giraba La Rueda de la Fortuna, seguía un caudaloso curso bordeada por diversidad de barracas para desembocar al fondo en la explanada en la fachada panorámica de El Laberinto del Terror. Pasó junto a la pagoda del pochoclo y las

acercó a los bancos. —De todo lo expuesto, �bastardos!, �lo único que los preocupa es la muceta? Silencio desafiante. Pestalozzi, finalmente, dijo: —Lo único que no entendimos, maestro. Zorroarín pensó que era la respuesta justa, sólo que debió habérsele ocurrido a Marco. —De acuerdo —dijo el maestro—. Muceta: capa corta generalmente usada por monjes medievales. Ahora, saquen una hoja. Pasemos al examen escrito. Media hora más tarde, el maestro recogía las pruebas en las que los alumnos

derecha, recortándose contra el paisaje lacustre donde aves diversas volaban y flotaban. Se llevó la carabina al hombro sin prestar atención a la mano de Miss Lizzie que le acomodaba el pelo detrás de la oreja. Pasó un pato robusto que Marco vio bajo la detestada forma del almacenero; disparó una y otra vez. Acertó todo. El escote hondo de Miss Lizzie, ceñido por una tela color leopardo, desapareció tras el mostrador y volvió a aparecer, mórbido entre collares, arrullando un pato de peluche.

de sus habituales zambullidas bajo el asiento, abandonado del temple profesional, se agarraba la cabeza como si quisiera desenroscársela del cuerpo. Era presa de un ataque de nervios ante los desorbitados ojos del empresario. La avioneta, sin piloto, bajaba escorada hacia la izquierda. Cuando Posseidone se recostaba contra el lado derecho haciendo contrapeso, el piloto, en un alarde de recuperación, le imprimió a la nave un semigiro que tuvo el efecto abrupto e inesperado de dejarla en posición

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